17 de octubre de 2015

El premio Nobel de la paz ha sido dado al llamado Cuarteto para el Dialogo de Túnez. Entre las organizaciones que posibilitaron la transición hacia la democracia estuvo el Colegio de Abogados de ese país norafricano.  


El movimiento que derrocó una dictadura de veintitrés años y posibilitó la llamada primavera árabe en Sudan, Egipto, Yemen, Bahréin e Irán, se llamó “La revolución de los jazmines” del año 2011.

El Comité Noruego valoró para ese premio, el papel que jugaron quienes hicieron posible la transición. “Su contribución decisiva en la construcción de una democracia pluralista”. Como ya había ocurrido en varios países del mundo a lo largo de la historia, el duro trabajo de restaurar la estabilidad después de años de un régimen militarista y policiaco no era tarea fácil.

La llamada intifada contra la dictadura le costó a Túnez 340 muertos y 2174 heridos. Comenzó con la inmolación del joven universitario Mohamed Bouazizi, quien al perder su trabajó se prendió fuego frente al parlamento de su país.

Venezuela espera con las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre “la revolución de las orquídeas” que es la flor nacional. Ya hubo muertos, cientos de universitarios se han “inmolado” en las calles venezolanas en protestas contra la dictadura de Nicolás Maduro y han sido llevados a prisión en “la tumba”, como llaman el sitio de tortura del régimen. Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos y otros dirigentes permanecen incomunicados.

Aunque la tarea después de diciembre sino triunfa el fraude, requiere de un tino político de alto calibre, Venezuela cuenta con un antecedente histórico que pudiera repetir. En 1958, el 23 de enero, cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, regresaron los exiliados, se liberaron los presos políticos, se restauró la libertad de prensa, dirigió el país una Junta de Gobierno, se reconstituyeron los partidos políticos y los sindicatos, se hizo la campaña electoral y el 4 de diciembre teníamos electo el nuevo presidente.

La realidad venezolana no puede seguir escondida. Hay hambre, desempleo,  moneda devaluada, empresas quebradas, medios de comunicación en una gran mayoría secuestrados por el Nicolato, presos políticos, una camarilla militar enriquecida, miles de venezolanos emigrados,  jerarcas del régimen viviendo una vida de opulencia, lujo y corrupción, el país sin una política exterior acertada, un mandatario siguiendo las instrucciones del gobierno cubano.


Todas las encuestas dan con alta ventaja ganadora a la oposición. Una revolución pacífica debe seguir a la victoria en las urnas este diciembre próximo. La dictadura hace todo para mantenerse en el poder. Impide la observación internacional de los comicios. Renueva apresuradamente a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia. Regala artefactos eléctricos en los barrios. Mete miedo y amenaza. El 6 de diciembre hay que llevar en el pecho, aunque sea de papel una orquídea, para darle nombre al cambio venezolano. 

Por Julio Portillo
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La revolución de las orquídeas

El premio Nobel de la paz ha sido dado al llamado Cuarteto para el Dialogo de Túnez. Entre las organizaciones que posibilitaron la transición hacia la democracia estuvo el Colegio de Abogados de ese país norafricano.  


El movimiento que derrocó una dictadura de veintitrés años y posibilitó la llamada primavera árabe en Sudan, Egipto, Yemen, Bahréin e Irán, se llamó “La revolución de los jazmines” del año 2011.

El Comité Noruego valoró para ese premio, el papel que jugaron quienes hicieron posible la transición. “Su contribución decisiva en la construcción de una democracia pluralista”. Como ya había ocurrido en varios países del mundo a lo largo de la historia, el duro trabajo de restaurar la estabilidad después de años de un régimen militarista y policiaco no era tarea fácil.

La llamada intifada contra la dictadura le costó a Túnez 340 muertos y 2174 heridos. Comenzó con la inmolación del joven universitario Mohamed Bouazizi, quien al perder su trabajó se prendió fuego frente al parlamento de su país.

Venezuela espera con las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre “la revolución de las orquídeas” que es la flor nacional. Ya hubo muertos, cientos de universitarios se han “inmolado” en las calles venezolanas en protestas contra la dictadura de Nicolás Maduro y han sido llevados a prisión en “la tumba”, como llaman el sitio de tortura del régimen. Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos y otros dirigentes permanecen incomunicados.

Aunque la tarea después de diciembre sino triunfa el fraude, requiere de un tino político de alto calibre, Venezuela cuenta con un antecedente histórico que pudiera repetir. En 1958, el 23 de enero, cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, regresaron los exiliados, se liberaron los presos políticos, se restauró la libertad de prensa, dirigió el país una Junta de Gobierno, se reconstituyeron los partidos políticos y los sindicatos, se hizo la campaña electoral y el 4 de diciembre teníamos electo el nuevo presidente.

La realidad venezolana no puede seguir escondida. Hay hambre, desempleo,  moneda devaluada, empresas quebradas, medios de comunicación en una gran mayoría secuestrados por el Nicolato, presos políticos, una camarilla militar enriquecida, miles de venezolanos emigrados,  jerarcas del régimen viviendo una vida de opulencia, lujo y corrupción, el país sin una política exterior acertada, un mandatario siguiendo las instrucciones del gobierno cubano.


Todas las encuestas dan con alta ventaja ganadora a la oposición. Una revolución pacífica debe seguir a la victoria en las urnas este diciembre próximo. La dictadura hace todo para mantenerse en el poder. Impide la observación internacional de los comicios. Renueva apresuradamente a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia. Regala artefactos eléctricos en los barrios. Mete miedo y amenaza. El 6 de diciembre hay que llevar en el pecho, aunque sea de papel una orquídea, para darle nombre al cambio venezolano. 

Por Julio Portillo