26 de noviembre de 2015

Sería inútil un tema distinto al de las elecciones. Aun los más indiferentes están con ansiedad de los acontecimientos por venir. 

Un país próximo a ser sacudido por un profundo cambio que nos dejará honda huella. Estamos unidos por un unánime disgusto.


Este es un régimen envuelto en el fracaso. Maculado por graves acusaciones. No hay gobierno en el mundo más desprestigiado que el venezolano. Acumula un prontuario extenso: narcotráfico, asesinatos, torturas, corrupción, espionaje, deportaciones en masa, presos políticos, justicia amañada, militares humillados, financiamiento de elecciones en otros países, regalos excesivos a gobiernos cómplices, en fin, ha perdido la legalidad y la legitimidad del poder.

A pocos días de las votaciones no hay señal de propósito de enmienda. Por eso contra esta dictadura, están los estudiantes, academias militares, empresarios honestos, universidades, científicos, sacerdotes, trabajadores y empleados públicos amenazados, las mujeres cansadas de las colas para encontrar comida, colegios profesionales amordazados y hasta los antiguos votantes envenenados por el régimen, dicen acorazados BASTA. Es pa´ fuera que van.

Es el principio del fin de la tiranía bicéfala de Maduro y Diosdado. Que están tan nerviosos, que Maduro se fue a Irán a una reunión sobre exportadores de gas donde no fue invitado. El segundo ya acepta la derrota y le ha dicho a sus allegados “preparen la maleta”. El gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, ya no hay acto al que asista donde no reciba silbidos y gritos de rechazo.  No tendrán necesidad como Pérez Jiménez de abrir las arcas del Banco Central antes de partir, están tan gordos del dinero robado que no les quedan bien los pantalones.

Los candidatos de la oposición con templanza han sorteado toda clase de obstáculos para llegar a los electores. Algunos han sido detenidos por horas, otros han soportado las envestidas de los colectivos armados. Meten miedo, pero tiene tanto miedo que hasta la aparición de María Corina en la televisión invitando a votar la han prohibido.

Lo ocurrido en Argentina nos ha llenado de valor y entusiasmo. Se repite lo de Mauricio Macri “hacer posible, lo imposible”. La madrugada del 7 de diciembre encontrará a los venezolanos en todas las ciudades celebrando el fin de la dictadura. Será otro 23 de enero de 1958. Con Dios delante. 

Por Julio Portillo
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El principio del fin

Sería inútil un tema distinto al de las elecciones. Aun los más indiferentes están con ansiedad de los acontecimientos por venir. 

Un país próximo a ser sacudido por un profundo cambio que nos dejará honda huella. Estamos unidos por un unánime disgusto.


Este es un régimen envuelto en el fracaso. Maculado por graves acusaciones. No hay gobierno en el mundo más desprestigiado que el venezolano. Acumula un prontuario extenso: narcotráfico, asesinatos, torturas, corrupción, espionaje, deportaciones en masa, presos políticos, justicia amañada, militares humillados, financiamiento de elecciones en otros países, regalos excesivos a gobiernos cómplices, en fin, ha perdido la legalidad y la legitimidad del poder.

A pocos días de las votaciones no hay señal de propósito de enmienda. Por eso contra esta dictadura, están los estudiantes, academias militares, empresarios honestos, universidades, científicos, sacerdotes, trabajadores y empleados públicos amenazados, las mujeres cansadas de las colas para encontrar comida, colegios profesionales amordazados y hasta los antiguos votantes envenenados por el régimen, dicen acorazados BASTA. Es pa´ fuera que van.

Es el principio del fin de la tiranía bicéfala de Maduro y Diosdado. Que están tan nerviosos, que Maduro se fue a Irán a una reunión sobre exportadores de gas donde no fue invitado. El segundo ya acepta la derrota y le ha dicho a sus allegados “preparen la maleta”. El gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, ya no hay acto al que asista donde no reciba silbidos y gritos de rechazo.  No tendrán necesidad como Pérez Jiménez de abrir las arcas del Banco Central antes de partir, están tan gordos del dinero robado que no les quedan bien los pantalones.

Los candidatos de la oposición con templanza han sorteado toda clase de obstáculos para llegar a los electores. Algunos han sido detenidos por horas, otros han soportado las envestidas de los colectivos armados. Meten miedo, pero tiene tanto miedo que hasta la aparición de María Corina en la televisión invitando a votar la han prohibido.

Lo ocurrido en Argentina nos ha llenado de valor y entusiasmo. Se repite lo de Mauricio Macri “hacer posible, lo imposible”. La madrugada del 7 de diciembre encontrará a los venezolanos en todas las ciudades celebrando el fin de la dictadura. Será otro 23 de enero de 1958. Con Dios delante. 

Por Julio Portillo